Estimado partícipe,
Kaizen es una palabra japonesa. Significa mejora continua, aunque esa traducción no captura del todo lo que implica.
No habla de grandes saltos ni de transformaciones radicales. Habla de algo más difícil: la disposición de revisar lo que ya funciona para hacerlo funcionar mejor. Sin prisa, sin pausa y sin la ilusión de que algún día se llega a destino.
Por eso este fondo lleva ese nombre. No por razones estéticas, sino porque define una forma de entender la inversión.
Llevo más de doce años trabajando en mercados financieros. He gestionado carteras de clientes, he analizado centenares de empresas y he cometido los errores que comete cualquier inversor que trabaja de verdad: comprar demasiado pronto, vender demasiado tarde o subestimar un riesgo que parecía menor.
Lo que esa experiencia me ha dejado no es una fórmula infalible, porque no existe. Lo que me ha dejado es un proceso.
Y este fondo es, esencialmente, ese proceso puesto en práctica.
Sobre el ruido y las decisiones
El mercado financiero genera cada día una enorme cantidad de información, opiniones y movimientos que parecen exigir una respuesta inmediata.
La mayoría de los errores en inversión no vienen de ignorar ese ruido. Vienen de tomárselo demasiado en serio.
La paciencia no es una actitud pasiva. Es una disciplina activa que exige resistir la presión constante de hacer algo cuando lo más inteligente es no hacer nada.
Operamos menos de lo que el mercado invita a operar, y eso no es una limitación del proceso: es una de sus ventajas más genuinas.
La disciplina, por su parte, existe precisamente porque las emociones son inevitables. Nadie gestiona dinero ajeno sin sentir el peso de la responsabilidad, la tentación de seguir una tendencia o el miedo a quedarse atrás.
El proceso está diseñado para que esas emociones no alteren el criterio.
No hay excepción a esa regla. Y el día que la haya, habremos dejado de ser lo que pretendemos ser.
Lo que buscamos en una inversión
Buscamos negocios con ventajas competitivas reales y duraderas, gestionados por equipos directivos que tienen la piel en el juego.
Negocios que generan caja de forma visible y sostenible, no promesas de crecimiento futuro que dependen de que todo salga bien.
Y siempre con un precio que ofrezca un margen de seguridad auténtico frente al valor que estimamos.
Evitamos el apalancamiento excesivo, la complejidad innecesaria y las modas de mercado, por muy convincentes que suenen en un momento dado.
El riesgo no lo medimos como volatilidad en una pantalla: lo entendemos como la probabilidad de pérdida permanente de capital.
Esa distinción no es semántica. Cambia completamente la forma de construir y de proteger una cartera.
Pensamos en años, no en trimestres.
El horizonte temporal no es solo una declaración de intenciones: define qué información importa, qué precio es aceptable y qué volatilidad es simplemente ruido.
Un inversor con perspectiva de largo plazo tiene acceso a oportunidades que son invisibles para quien piensa en el próximo informe trimestral.
El compromiso de esta carta
Cada trimestre escribiré aquí una reflexión honesta sobre el entorno de mercado, las decisiones tomadas en el fondo y el razonamiento detrás de cada una de ellas.
Con los aciertos y con los errores.
Sin eufemismos cuando algo no ha funcionado y sin triunfalismo cuando las cosas van bien.
La transparencia no es una virtud opcional en la gestión de activos. Es la única base sobre la que puede construirse una relación de confianza que resista el tiempo y la adversidad.
Esta sección de la web existe precisamente para eso: para que nunca haya distancia entre lo que pienso y lo que escribo.
Si has decidido confiar en este proceso, mi compromiso es estar a la altura de esa confianza.
No con rendimientos garantizados, que nadie honesto puede prometer, sino con criterio, con rigor y con la disposición a mejorar de forma continua.
Kaizen.
Aitor García Munárriz
Gestor de Kaizen Global Income
Junio 2025


